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Este afloramiento de la identidad huamanguina fue reforzada en 1957 por la reapertura de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Fue una época de afloramiento de expresiones artísticas y culturales como el teatro, la música, la artesanía y las tradiciones ayacuchanas. En la primera mitad del siglo XX, se produjo en la ciudad una corriente de teatro costumbrista que revaloraba el idioma quechua y las tradiciones orales andinas de la región. Destaca Juan de Mata Peralta quien desarrolla el compilatorio, Tradiciones de Huamanga. Sus expresiones más conocidas son los retablos, las tallas en piedra de Huamanga y los trabajos en platería y filigrana. Los niveles de representación son ahora cuatro o seis; los soportes son de metal o de vidrio; los personajes principales suelen ser caudillos históricos y políticos de actuales. Unión de la Plaza Mayor, vendido por señoras con traje típico de la región, llamadas «muyucheras», que giran manualmente una olla de metal sobre un recipiente que contiene el hielo. A finales de los años 50 el teatro ayacucho entró en una etapa de decadencia, según Salvador Cavero.

Что полезного сделать из старых шерстяных вещей? Comenzó entonces el período de auge del teatro quechua ayacuchano, extendiéndose hasta alrededor de 1950, coincidiendo así con el auge del proyecto regionalista expresado en el Centro Cultural Ayacucho y la revista Huamanga. En homenaje a José Salvador Cavero León, la Municipalidad de Huamanga rebautizó el teatro municipal con su nombre. En 1938 se publicó el drama Yana puyup intuykusqan («Rodeado de nubes oscuras») de José Salvador Cavero León y en 1939 se estrenó una obra inédita de Cavero Cazo, Kaypi wayta, wakpi kichka («Aquí la flor, allá la espina»). Usualmente en Escandinavia la mayor parte de la casa cuenta con piso alfombrado, especialmente para mantener una temperatura más cálida, y poder caminar sin zapatos en casi cualquier lugar de la casa. En Estados Unidos, donde había escasa tradición, se consiguió en poco tiempo llegar a un alto nivel de creatividad y profesionalización, gracias en primer lugar a pioneras como Ruth Saint Denis, Martha Graham, Doris Humphrey y Agnes De Mille. La riqueza y calidad de la artesanía de Ayacucho, en sus diversas manifestaciones, han hecho que sea considerada como «Capital del Arte Popular y de la Artesanía del Perú». La intelectualidad ayacuchana se volcó principalmente al «rescate» de la historia colonial y decimonónica de Ayacucho, y de su folklore.

Este proyecto se concretó a través de la creación en 1934 del Centro Cultural Ayacucho, que publicó la revista Huamanga. Lamentó que el establecimiento a fines de los años 50 de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga no tuviera el efecto esperado de estimular la cultura literaria quechua. Según el XI Censo de población y VI de Vivienda efectuado por Instituto Nacional de Estadística e Informática el 2007, la ciudad de Ayacucho contaba con una población de 151 019 habitantes. El qapchi, una crema hecha a base de queso de Ayacucho (o cachipa), rocoto, cebolla china y leche. La puca picante, guiso preparado a base de papa pequeña, maní tostado y molido, trozos de carne de chancho y beterraga (que le da su color rojizo, puka en quechua), que sazonados con ají colorado y otros condimentos. La particularidad del plato en Ayacucho es la adición de un aderezo de ají colorado molido y tostado, junto con hierbabuena picada. Al igual que otras ciudades del Perú, Ayacucho posee una diversidad de platos, bebidas y repostería.

En el 2014, Ayacucho ocupa el puesto 16 dentro de las ciudades peruanas en términos de población. Es muy renombrada y característica la cerámica de Ayacucho. Temas como Adiós Pueblo de Ayacucho o Flor de Retama forman parte de la actual tradición de la música ayacuchana. Así mismo se cuenta con diversas Orquestas Folklóricas que difunden la música Ayacuchana entre las que destacan la Orquesta Los Ayacuchanos de Oro y Los Libertadores de Ayacucho. El estudio del folklore regional se convirtió en un proyecto clave para la intelectualidad ayacuchana, que produjo los principales folkloristas peruanos de mediados del siglo XX, entre ellos Víctor Navarro de Águila y Efraín Morote Best. La superficie blanca y pulida de la piedra fue adquiriendo cada vez mayor importancia en el siglo XIX, época en la que las representaciones alegóricas y profanas destacaron sobre las religiosas. En época colonial se dio un tipo de mobiliario de estilo indoportugués, caracterizado por el empleo de maderas oscuras con incrustaciones de oro o marfil, así como el indoholandés, de ébano y maderas claras lacadas.

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